Urging our nation's leaders to end hunger
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Base Bíblica: Dios se está preparando para hacer algo

He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis?
—Isaías 43:19

Dios es el Dios de la historia, obrando constantemente alguna transformación en nuestro mundo tan quebrantado.

Cuando sintonizamos nuestras mentes, podemos ver evidencia de cómo la mano de Dios le da forma a nuestro mundo y nos sorprende en medio de nuestra incertidumbre.

La Escritura nos muestra que Dios escucha el clamor de Su pueblo esclavizado y libera.

Hace miles de años, Dios uso a Moisés para apelar al gobierno egipcio con el propósito de que este liberara al esclavizado pueblo hebreo.

Esto dio inicio a la larga jornada del gran éxodo israelita de la tierra de Egipto. “Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros…” (Éxodo 14:13).

Dios también utiliza gobernantes visionarios para obrar liberación. En el Salmo 72, el rey David ofrece instrucción juiciosa a su hijo Salomón, quien habría de convertirse en el gobernante de una nación.

La expresión de devoción y cuidado demostrada por David para su pueblo, cercano y lejano, es un presagio del reino de justicia de Cristo y de Su promesa y pacto. “Porque él librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quien le socorra…De engaño y de violencia redimirá sus almas” (Salmo 72:12-14).

Dios aun utiliza la sabia intervención de gobiernos foráneos.

El buen y fiel gobernador Nehemías reconstruyó una comunidad, dándole vida y restaurando la dignidad del pueblo, con el apoyo de la benevolencia desplegada por el rey Ciro de Persia, la cual fue inspirada por Dios (véase Nehemías 5:1-6). En Jesucristo, Dios se humanó y habitó entre nosotros. Jesús fue Dios en acción en la historia, según los pecados fueron perdonados, la visión restaurada y las enfermedades sanadas (Mateo 15:30, 31).

Como miembros del cuerpo de Cristo, somos un pueblo transformado que presta atención a la invitación de Dios para crear cambios que obren vida.

Como sociedad en los Estados Unidos y mayordomos de la creación de Dios, poseemos un llamado único. La manera en la cual los Estados Unidos respondan a aquéllos que se encuentran en necesidad es responsabilidad nuestra y algo que le atañe a Dios.

Al inicio del nuevo milenio, la campaña mundial del Jubileo para la eliminación de la deuda fue un ejemplo internacional de una respuesta a una gran necesidad. Lo mismo ocurre con las Metas para el Desarrollo del Milenio, metas internacionales para la reducción de la pobreza con lo cual la mayor parte de las naciones del mundo estuvieron de acuerdo en el año 2000. ¿No es esto obra de Dios para nuestro tiempo, respondiendo nuevamente a los gemidos del pueblo esclavizado por el hambre y la pobreza?

La reforma de programas de la política de ayuda exterior de los Estados Unidos es nuestra oportunidad para unirnos a Dios en la creación de algo nuevo. Efectuar estos cambios puede tocar a millones de vidas y transformar la pobreza y desesperación en vida y dignidad.

El incremento en la efectividad y la administración de la asistencia exterior puede permitir que la gente alcance la dignidad, dejando atrás el sufrimiento—las madres pueden sobrevivir el parto, los infantes pueden zafarse de las garras de las enfermedades causadas por parásitos, niños y niñas pueden aprender a leer, y los padres pueden ganar lo suficiente como para alimentar a sus familias.

Dios se está preparando para hacer algo y nos está llamando para compartir en esta nueva creación.

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