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Pan Para el Mundo

Bases Bíblicas

Compartiendo la Abundancia: 2 Corintios 9

A mediados del primer siglo, el hambre arropó toda Judea. El apóstol Pablo dedicó mucho tiempo y energía a organizar un programa temprano de “asistencia internacional,” y recogiendo fondos entre las iglesias gentiles de Asia Menor con el propósito de compartirlo con los que estaban sufriendo en Judea.

En su segunda carta a los Corintios, Pablo busca reparar su quebrantada relación con la indiferente comunidad en Corinto. Él le recomienda su ministerio a los Corintios “enorgulleciéndose” solamente en “la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que ustedes con su pobreza fueran enriquecidos” (2 Corintios 8:9).

Dicho acto generoso de reconciliación es la fuente para la generosidad que Pablo urge a sus lectores que copien en el capítulo 9. Pablo desea alardear de su generosidad como una manera de estimular a otras Iglesias a que contribuyan a su recaudación. De igual manera, el liderazgo de nuestra nación en la reducción del hambre y la pobreza a nivel mundial, ayudará a estimular a otros países a hacer lo mismo o aun más. San Pablo ofrece otra luz y estimulo según urgimos a las personas que toman las decisiones en nuestro país a mejorar la asistencia internacional:

1. Pablo no estaba buscando una limosna. La recolecta no tenía nada que ver con la caridad. En vez de ello, él instaba a la equidad o a lo que él llama “un balance razonable entre su abundancia presente y la necesidad de ellos.” Sus cartas al Congreso tienen como propósito reconsiderar la manera en que la asistencia internacional se lleva a cabo para proveerles a las personas en las naciones de bajo desarrollo los recursos que necesitan para forjarse un mejor futuro.

2. Este “balance”—esta transferencia de recursos—es creada de la abundancia que proviene como don de Dios: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” (2 Corintios 9:8). Dios nos bendice con abundancia para que la misma pueda ser compartida con aquéllos que están en necesidad.

3. En el Medio Oriente de antaño, la recolecta efectuada por Pablo establece una relación de cliente-patrocinador entre la iglesia en Judea y las iglesias en Asia Menor. Este no fue un intento por hacer de una iglesia una servil, sino por el contrario crear una asociación. Cuando la meta de los programas de asistencia internacional de nuestro país tengan como propósito crear relaciones duraderas y asociaciones que funcionen con los países en desarrollo, entonces las mismas traerán un cambio verdadero.

4. Por último, este programa temprano de asistencia contra el hambre nos estimula en la difícil tarea de cambiar las leyes y políticas. La recaudación efectuada por Pablo fue una gran tarea, la cual requirió una organización eficiente y cooperación a grande escala. Según lee 2 Corintios puede darse cuenta de las intensas negociaciones y los compromisos un tanto imperfectos que tuvieron lugar. Cambiar el programa de asistencia internacional de los Estados Unidos será algo complejo, pero lograrlo producirá grandes beneficios para las personas que padecen hambre.

Al utilizar nuestra ciudadanía para enfrentar el desafío de la reforma a la asistencia internacional de los Estados Unidos, las palabras de Pablo a los Corintios nos dan valor y confianza: “Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos” (2 Corintios 4:1). Cambiar la asistencia internacional requerirá arrojo y determinación. Seamos inspirados por Pablo y por otros cristianos de la iglesia primitiva quienes generosamente usaron el don divino de la abundancia para crear esperanza y oportunidad para aquéllos que se encontraban en necesidad.

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