De La Caridad Hacia El Activismo
Nuestro Derecho y responsibilidad: el activismo
En los Estados Unidos nos preocupamos de muchas maneras por el que sufre hambre. Tanto individualmente como en grupos cívicos, universitarios y en iglesias, contribuimos con comida y fondos para aliviar los síntomas del hambre y la pobreza que hay en los Estados Unidos y en otras naciones. Este tipo de ayuda, al que a menudo se llama caridad, es bueno y totalmente necesario. Pero a menudo los problemas que llevan al hambre y la pobreza son enormes y las causas son estructurales.
Los gobiernos pueden desempeñar un papel importante tanto para causar, como para resolver estos problemas que afectan a miles de millones de personas vulnerables de nuestro mundo. Los que están comprometidos a reducir el hambre y la pobreza, deben alentar a los líderes de nuestra nación a adoptar cambios de políticas y niveles de provisión de fondos adecuados para los programas que dan respuesta a las necesidades inmediatas de hambre, y que abordan los asuntos estructurales que mantienen a la gente en la pobreza, tanto en los Estados Unidos como por todo el mundo. Los estadounidenses somos un pueblo generoso. Cuando ocurren desastres como el Huracán Katrina o el sunami en el Asia, abrimos nuestros corazones y nuestras carteras y damos generosamente. También tenemos el derecho y la responsabilidad de levantar nuestras voces para promover la justicia pública y hacer frente a las causas primordiales del hambre y la pobreza.
Fe Y Activismo
¿Por qué razón deben las personas de fe ser activistas? Dios nos llama a amar y a cuidar de nuestro prójimo, y los profetas de la Biblia tales como Miqueas, nos instan a imaginarnos la justicia y a practicarla. Levantamos nuestra voz por los que sufren hambre y opresión, tal como Moisés le habló a los poderosos de su día. Jesús y sus discípulos presentaban desafíos a las autoridades religiosas y políticas para que proveyesen para los que estaban marginados de la sociedad. A través de la historia, las personas de fe han actuado como críticos y como consciencia de los líderes de sus naciones.
En realidad, abogar por cambios en las políticas públicas es una continuación de esa tarea profética tan esencial. A algunos les preocupa que involucrarse en el área política, empaña la distinción entre iglesia y estado. En realidad, cuando las personas de fe se organizan para hacer activismo en favor del que sufre hambre y opresión, estamos marcando una distinción clara entre las dos. Los individuos que están en la iglesia le dicen a los líderes gubernamentales: "Nos importan las personas y las cosas que le importan a Dios, y vamos a pedirles que rindan cuentas del rol que el gobierno cumple al abordar esos asuntos". Trabajar en favor de legislación en forma bipartidaria y equilibrada, permite a las personas de fe levantar su voz por encima de partidos, ideologías, y tradiciones religiosas, y ha sido una manera eficaz de mejorar las políticas que se promulgan en Washington.
Los decretos gubernamentales no son el único mecanismo para hacer frente al hambre y la pobreza, pero las actividades caritativas, por vitales y compasivas que sean, rara vez dan como resultado cambios estructurales duraderos. Nuestro activismo, es decir, el hablar con atrevimiento con, y en favor de, nuestro prójimo que sufre hambre y vive en la pobreza, se necesita con urgencia en estos tiempos, y personifica la visión de la justicia de Dios.