Urging our nation's leaders to end hunger
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Base Bíblica

La Economía del Amor Hacia el Vecino

Jesús nunca evitó los temas incómodos. Aun en ocasiones en que la “buena sociedad” podía ver como algo fuera de lugar hablar acerca de dinero, Jesús enfrentó las creencias de la gente, tanto verbales como no verbales, en cuanto a las finanzas. Él comprendía como la vida humana es afectada por nuestras actitudes hacia la riqueza, por la manera en que los obreros son compensados, y especialmente por la realidad económica—incluyendo los impuestos—que nos afectan a todos.

En más de una ocasión, Jesús cuestionó la moralidad del pago de impuestos. En cada caso, él reconoció la responsabilidad de pagar los impuestos mientras que a la vez llamó la atención hacia asuntos más profundos con relación al lugar que juega la economía en nuestras vidas. Al pedírsele que pagara el impuesto del templo, él instruyó a su discípulo a que pescara un pez en cuya boca había una moneda con suficiente valor como para pagar el impuesto de ambos (véase Mateo 17:24-27).

Al preguntársele acerca de la legalidad de pagar impuestos al emperador, Él le recordó a los fariseos que su lealtad primordial es a Dios. Todo le pertenece a Dios, el primer y gran dador. Debido a que somos hechos a la imagen de Dios, podemos seguir ese ejemplo y ordenar nuestra vida económica, incluyendo las reglas que gobiernan nuestras vidas en cuanto al pago de impuestos, como corresponde (véase Mateo 22:15-22). Estas historias afirman el lugar central que tiene la economía de compartir una vida gobernada por el amor hacia el prójimo.

En el evangelio de Lucas, Jesús cuenta una historia acerca del Buen Samaritano, quien proveyó para las necesidades de un hombre completamente desconocido después de que éste fuera golpeado, robado y dejado por muerto (véase Lucas 10:25-37). Jesús contó esa historia con el propósito de expandir nuestro conocimiento acerca de quién es nuestro prójimo, no para decirnos que debemos esperar a que alguien esté sangrando a la orilla del camino antes de prestarle nuestra ayuda. Al decirle a sus discípulos: “ve, y haz tu lo mismo”, ¿no nos está llamando también a nosotros para que hagamos provisiones con el propósito de  ayudar a nuestro prójimo, quien puede ser víctima de las situaciones a las que se enfrenta en su vida? Este llamado a la justicia en pro de personas hambrientas y pobres requiere que mostremos nuestra compasión a otro nivel. Esto nos lleva a no solamente compartir con aquéllos en necesidad sino a involucrarnos en el apoyo. A través de nuestro apoyo a mejores prácticas gubernamentales, podemos ayudar a que una mayor cantidad de familias reciban los recursos suficientes como para poder evitar que se vean sumidos en el hambre.

Proverbios 13:23 declara: “El campo del pobre puede producir mucho alimento, pero se puede perder por la injusticía”. En la actualidad, el trabajo de las personas pobres es esencial para el éxito de nuestra economía. Sin embargo, muchos trabajadores no ven el justo fruto de sus labores. Es injusto que muchos de los que trabajan tan arduamente y a tiempo completo, devengando un salario pobre, no puedan llevarse a sus hogares lo suficiente como para llenar las necesidades básicas de sus familias. El llamado bíblico a la justicia nos llama a asegurarnos que una mayor parte de la cosecha llegue a aquéllos que la producen. Este año podemos ayudar a evitar la erosión de los ingresos, apoyando los créditos de impuestos para los trabajadores de escasos recursos. Estos créditos tributarios pueden ayudar a que millones de trabajadores en este pais puedan sostenerse a sí mismos y a sus familias. Nuestros esfuerzos pueden poner alimento en las bocas de niños hambrientos y restaurar la esperanza y dignidad de millones de familias. Esto no es otra cosa que la justicia compasiva en acción.

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