Urging our nation's leaders to end hunger
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Sabina Covo: Las Sobras y El Hambre

By Megan True on May 18, 2014
© El Nuevo Herald

 

 <span class="cutline_leadin">Un grupo </span>de voluntarios prepara bolsas de alimentos para familias necesitadas en el local de la entidad benéfica Harvesters en Kansas City, Missouri.

Un grupo de voluntarios prepara bolsas de alimentos para familias necesitadas en el local de la entidad benéfica Harvesters en Kansas City, Missouri.
MEGAN TRUE / The Kansas City Star 

Cada vez que viajo a algún rincón de Latinoamérica y veo el hambre que existe en algunos de sus barrios o zonas rurales recuerdo con mucha tristeza toda la comida que tiramos a la basura en Estados Unidos. El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha dicho muy sabiamente: “No se puede eliminar la extrema pobreza o alcanzar un desarrollo sostenible sin un nivel alimentario adecuado para todos, y no se conocerá la paz o la seguridad mientras una de cada ocho personas en el mundo sufra hambre”. Lo dijo en mayo en una conferencia mundial. Me atrevo respetuosamente a agregarle a esa frase: y mientras no haya empleos dignos para todos.

¿Cuántas personas roban por hambre, o cuántas roban por un televisor? ¿Y cuántas roban por avaricia? Ninguna es justificable, pero duele la primera. Sobre todo cuando luego se da a conocer en algunos casos que el ladrón es un padre desesperado por la desnutrición de un hijo, o sus dos o tres hijos. O esa madre que pide limosna con su bebé envuelto dentro de la camisa y desesperada roba una compota en el supermercado para alimentarlo con algo más que solo su leche. Si la capturan, la encarcelan y le quitan su bebé. Esto no excusa el robo, pero muestra la realidad de pobreza, desempleo y conflicto que se vive en muchos rincones del continente. Ese es el caso de muchos países cercanos a nosotros los hispanos. Y aunque estemos en el país más rico del mundo, no lo debemos olvidar. Olvidarlo es ser indiferentes a una realidad mundial que nos afecta a todos.

Estados Unidos tiene la oportunidad de contar con una red de apoyo que ofrece cupones a las personas que no tengan los medios para comprar comida. En Estados Unidos no hay hambre por escasez de comida, como en otros países del mundo. Más bien hay mucha comida, y además hay la infraestructura necesaria para proveerla y repartirla. De acuerdo a la organización sin ánimo de lucro Bread for the World, o Pan Para el Mundo, el problema de pobreza creciente que tiene Estados Unidos radica en la falta de un empleo digno para todos, que en muchos casos pone a las personas a pasar hambre y tener que apoyarse en el gobierno. El hecho de que haya mucha comida en EEUU prueba que sí sobra. Sobra la comida como tal. Platos gigantescos servidos en la mayoría de los restaurantes son la fina prueba. Pero no sobra la seguridad económica en estos momentos. Sin embargo, reitero, sin la red social de Estados Unidos el país tuviese una tasa de pobreza muy similar a la de Latinoamérica.

Está a punto de vencerse el plazo estipulado por los 183 países participantes en las Naciones Unidas para cumplir los objetivos del milenio, que incluyen sanidad para las madres, reducir el hambre y la pobreza a la mitad, enseñanza primaria para todos, igualdad de género, mortalidad infantil, protección del medioambiente. Más de 40 países ya han logrado el Objetivo de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad la extrema pobreza, pero falta mucha tela por cortar.

El año pasado la Asociación de Ingenieros Mecánicos Inglesa encontró un informe que asegura que la mitad de la comida del mundo nunca llega a un plato, se tira a la basura, en muchos lugares del mundo, siendo Occidente pionero en este tema. Así que si en Estados Unidos tenemos las sobras y el hambre no es la misma, en el mundo lo que existe es hambre de sobra. Si bien la comida que desecha en el país es difícil de trasladarla, de pronto al no usar tanto para luego desechar se crearía una conciencia de necesidad mundial. Aunque sea un sueño lograr los objetivos del milenio, sería bueno empezar en casa para aportar a cumplirlos, algo tan sencillo como que “no se nos llene el ojo primero que la tripa”, como dicen en mi tierra.

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