Dios quiere abundancia y vida: La base bíblica para la ayuda alimentaria


(De izquierda a derecha) Fernando Tamara y David Ramos de California y Texas respectivamente cantan durante el servicio del dia de cabildeo de Pan Para el Mundo en 2012. Foto: Laura Elizabeth Pohl/Pan para el Mundo


"No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla
... Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas".

— Isaiah 65:20a-21

Cuando las Escrituras hablan acerca de la vida humana, tal y como Dios la pensó, hay algo que es consistente: los seres humanos prosperan. Esta prosperidad o florecimiento tiene a Dios como raíz, ya que es en Él en quien "vivimos, nos movemos, y somos" (Hechos 17:28) y quien se manifiesta en las sociedades donde se cuida de aquéllos más vulnerables.

Este mundo fue creado como un lugar en el cual el amor y la provisión de Dios se manifiestan de forma tangible. Las Escrituras proveen muchos ejemplos acerca de cómo Dios cuida de las personas una y otra vez, no sólo a través de la provisión para sus vidas espirituales, sino también a través del sustento de sus necesidades corpóreas. En el desierto, Dios proveyó no sólo salvación sino también nutrición a través del maná y las codornices (Éxodo 16:13, 14). A través del ministerio de Elías, Dios sostuvo a la viuda de Sarepta con pan (1 Reyes 17:7-16). Jesús declara que Él vino a traer vida en “abundancia” (Juan 10:10) y demuestra el amor de Dios al compartir la mesa con las personas marginadas de la sociedad. Cuando las multitudes se aglomeran a su alrededor, Jesús les enseña acerca del reino de Dios y crea abundancia en medio de la escasez, alimentando a más de 5,000 personas con cinco panes y dos peces (Marcos 6:41, 42).

Cuando los primeros cristianos se reunieron, su adoración y hermandad se vio centrada en unirse para compartir el pan (Hechos 2:42, 46; 20:7, 11; 27:35). Ellos nombraron diáconos quienes fueron responsables de asegurarse que las viudas y los huérfanos recibieran los alimentos que necesitaban (Hechos 4:32-35, 6:1-6).

Como cristianos en la actualidad, continuamos sirviendo a las personas que se encuentran en necesidad—aquellos que viven a nuestro lado y también los que viven lejos de nosotros, quienes luchan contra el hambre y la pobreza. Como una nación rica, los Estados Unidos responden a las emergencias humanitarias con ayuda alimentaria, alcanzando a millones de personas alrededor del mundo. La ayuda alimentaria provee alimentos ricos en nutrientes para adultos, niños y bebés que los necesitan de forma urgente. Sin embargo, nuestro rol en la provisión de alimentos debería estar guiada por la sabiduría encontrada en las Escrituras. Isaías 65 habla acerca de la vida tal y como Dios la desea; es mucho más fácil que simplemente recibir cosas buenas.

La misma requiere participar en la creación de una buena vida y de una sociedad que refleje el deseo de Dios para una vida abundante. Cuando las comunidades asumen la responsabilidad de la alimentación y prosperidad de sus miembros, expresan el propósito ordenado por Dios.

Al apoyar las reformas al programa de ayuda alimentaria podemos reflejar la intención de Dios de que exista abundancia y vida. Al involucrarnos en ello estamos participando en el cuidado de nuestros vecinos, en casa y en el extranjero, pero lo hacemos de forma que refleje de mejor manera el deseo de Dios de que juntos podamos edificar un mundo donde todos seamos cuidados y sostenidos.

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Dulce Gamboa
Asssociada para Relaciones Latinos
202-688-1092

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