Un camino para salir del hambre en Guatemala

Catarina Pascual Jiménez / Photo: Joe Molieri

Catarina Pascual Jiménez es una mujer de voz suave pero con resiliencia que vive en la sierra de los Cuchumatanes en Guatemala. El nombre de la cadena montañosa significa: "lo que fue unido por una fuerza superior" en Mam, un dialecto maya.

Catarina se ha sobrepuesto a innumerables adversidades en su vida. Ella no sólo nació dentro de una familia sumida en la extrema pobreza, sino que al nacer se enfrentó al desafío de que sólo uno de sus ojos funcionaba. Su primer esposo murió, dejándola sola para criar a sus dos hijos mayores, Antonio de 17 años y Juana de 6. Unos cuantos años más tarde, Catarina se embarazó de gemelos pero fue abandonada por el padre de los niños poco después de que ella le diera la noticia. Con el corazón roto ella tomó la determinación de criar a sus hijos sola.

Esta madre y sus hijos, al igual que las montañas donde viven, fueron unidos por una fuerza superior. Alexander y Sheili, de 17 meses, fueron recibidos al mundo por una madre fuerte y amorosa, pero el hambre, la desnutrición crónica y las enfermedades también aguardaban a los gemelos.

Catarina luchó por cuidar de su familia como madre soltera, mientras todos caían en la pobreza extrema. Catarina tiene que pedir prestado para suplir aun los aspectos básicos de la vida diaria. La familia vive en una casa que le presta una vecina, donde una habitación hace las veces de cocina, dormitorio y más. Catarina no posee ni animales ni tierra que puedan utilizar para cultivar sus propios alimentos. La pobreza que enfrentan es tal que Catarina pide prestadas herramientas tan simples como un cuchillo para preparar los alimentos o un hacha con la cual cortar la madera para el fuego.

"He preferido pasar hambre para poder proveerle alimentos a mis hijos," dice ella. "He arriesgado mi vida y mi salud para poderlos alimentar cada día y asegurarme de que crezcan saludables y fuertes."

Catarina lava a mano pilas de ropa sucia por 20 quetzales (el equivalente de aproximadamente $2.50) cada pila, así se gana la vida. Pero el trabajo es escaso en una aldea en la cual son pocas las personas que pueden pagar un servicio de esa índole. En el mejor de los escenarios, Catarina podría obtener un salario poco mayor de $1.25 diarios, lo cual la colocaría por encima del nivel de pobreza del Banco Mundial. Aun así, alimentar a una familia de cuatro con un presupuesto tal es difícil, especialmente debido a que sus gemelos se encuentran todavía dentro del período de 1,000 días, el tiempo entre el inicio del embarazo y los dos años de edad del niño. Durante este período, la nutrición adecuada es clave en la prevención de los profundos y a menudo irreversibles efectos de la desnutrición—incluyendo una menor capacidad de aprendizaje y de futuras ganancias potenciales.

A diario, Catarina le pide a Dios “la fuerza para alimentar a mis hijos y mantenerlos saludables”. Ella sintió que sus oraciones fueron respondidas cuando supo acerca del programa de ayuda alimentaria de la Agencia Internacional para el Desarrollo de los Estados Unidos (USAID) disponible para los niños menores de 2 años.

Catarina Pasqual Jimenez / Photo by Joe Molieri

Catarina se matriculó en el nuevo Programa de Acciones Integradas de Seguridad Alimentaria y Nutricional del Occidente (PAISANO) y mensualmente recibe una ración de arroz, frijoles, harina de maíz/soya fortificada y aceite. Recibir estos productos básicos deja libre parte de su ingreso, el cual puede entonces utilizar para comprar frutas, vegetales, azúcar, sal, avena y otros productos que suplementan la dieta de su familia, una opción que no tenía antes. Más importante aún, ahora ella puede alimentar a sus hijos tres veces al día, sin lugar a dudas un incremento nutricional para los gemelos, quienes exhibieron los efectos negativos de la mala nutrición que sufrieron a temprana edad.

"Antes de que formáramos parte del programa, hubo ocasiones en las que no dormía — permanecía despierta toda la noche preguntándome cómo saldría adelante", dice Catarina. "Mis hijos son mi felicidad, la razón por la cual vivo, lucho y enfrento los desafíos de la vida. Ahora que soy beneficiaria del programa no siento tanta preocupación por la comida como lo hacía antes".

Catarina dice: “Ya no tengo que ver a mis hijos sufrir debido a la escasez de alimentos que experimentábamos”. Sin embargo, este es sólo el comienzo de su camino para dejar atrás el hambre y alcanzar la seguridad alimenticia. El programa Paisano, adopta un enfoque para combatir el hambre y la mala nutrición infantil, entrenando a las personas en lo referente a cómo ahorrar, la higiene, preparación de alimentos y técnicas de desarrollo agrícola. Estas sesiones de capacitación están ayudando a las familias a mejorar su productividad económica; reduciendo la desnutrición crónica entre las mujeres embarazadas y los niños menores de 2 años; e incrementando la resistencia a los desastres naturales. Para Catarina, la capacitación que está recibiendo la ayudará para proveerle una mejor vida a sus hijos.

"Estoy muy agradecida por el programa", dice ella. "Me siento más feliz y contenta ahora".

Catarina Pascual Jiménez prepares to feed Alexander, one of her twins. Photo: Joe Molieri/Bread for the World

Catarina y sus hijos son prueba del bien que la ayuda alimentaria de los Estados Unidos tiene al llenar las necesidades de las personas que padecen de hambre. A pesar de ello, aunque la ayuda alimentaria de los Estados Unidos salva millones de vidas anualmente, reformas estratégicas pueden fortalecer y hacer más fácil que una mayor cantidad de personas como Catarina escapen de la pobreza y puedan alimentar a sus hijos.

Los productos de la ayuda alimentaria de los Estados Unidos proveen calorías muy necesarias, pero a menudo no logran suplir todas las necesidades nutricionales de niños como Alexander y Sheili. Una mejor calidad nutricional ayudaría a que una mayor cantidad de niños escaparan de la desnutrición. La práctica de obtener alimentos cerca del lugar en que se necesitan, conocida como adquisición local y regional (LRP, según sus siglas en inglés) también reforzaría la ayuda alimentaria, permitiendo que fuera de mejor calidad y llegara con mayor prontitud a quienes la necesitan.

Como nación, estamos haciendo un esfuerzo por ayudar a nuestros hermanos y hermanas alrededor del mundo, pero una reforma a los programas de ayuda alimentaria nos permitiría hacer mucho más. Llevar a cabo estas reformas tan necesarias aseguraría que más familias como la de Catarina dejen meramente de sobrevivir para prosperar.

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Dulce Gamboa
Asssociada para Relaciones Latinos
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