Dios nos ama. El mayor mandamiento de Jesús fue que amáramos a Dios y nos amáramos los unos a los otros.
El Antiguo Testamento y los Evangelios contienen los dos mandamientos principales. Primero, hemos de amar a Dios (“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente y con toda tu alma…”) y, segundo, hemos de amar a nuestro prójimo (Deuteronomio 6:4, 5; Mateo 22:3740; Marcos 12:31; Lucas 6:27-31), lo cual incluye a nuestros enemigos y a aquellos que nos odian y persiguen (Mateo 5:44) además de a cualquier persona que esté en necesidad (Lucas 10:25-37: La parábola del buen samaritano).
Nuestro prójimo también incluye a las personas que viven cerca de nosotros y a aquellas que viven lejos. Amamos debido a que Dios nos amó primero (1 Juan 4:19), y debido a que Dios nos amó tanto, también debemos amarnos los unos a los otros (1 Juan 4:7). Deseamos “conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento”, para que podamos ser llenos “de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:19).
Oremos,
Dios de amor.
Que tu amor por nosotros
llene nuestros corazones y que podamos
compartir tu amor con nuestro prójimo
cercano y lejano.
Aterriza nuestra abogacía para
el fin del hambre en tu
palabra y en tu amor.
En el nombre de Jesús oramos,
Amén
Este correo electrónico es parte de una serie de reflexiones que forman parte del recurso Base Bíblica para Abogar por Acabar con el Hambre de Pan para el Mundo
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