La humanidad fue creada como resultado del amor de Dios y hecha a Su imagen (Génesis 1:26). La disposición de Dios de dejar la eternidad para entrar en el tiempo, a través de la persona de Jesús, le otorgó a la humanidad una dignidad que no es obra nuestra. En su humildad, Jesús sufrió la indignidad de la muerte, y muerte de cruz (Filipenses 2:7-11). Como resultado, podemos apreciar y respetar la dignidad de los demás así como la nuestra (1 Tesalonicenses 5:12-18).
Los encuentros de Jesús con la mujer samaritana (Juan 4:1-30), Zaqueo (Lucas 19:2-5) y el joven rico (Mateo 19:20-22) son ejemplos de su compromiso para trascender raza, género y clase. Jesús trató a todo el mundo con dignidad y respeto.
Oremos,
Jesús, nuestro Salvador.
Perdónanos cuando hacemos la vista gorda a la imagen de Dios en nosotros mismos y en nuestro prójimo que es pobre, que está perdido, que tiene hambre.
Ayúdanos a ver su dignidad como vemos la nuestra, inculcado por ti en el acto de creación de Dios.
Perdónanos nuestros pecados. Que tu gracia nos mueva a la acción.
Oramos en el nombre de Jesús,
Amen
Este es parte de una serie de reflexiones que forman parte del recurso Base Bíblica para Abogar por Acabar con el Hambre de Pan para el Mundo.
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