Manteniéndonos vigilantes

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Un devocionario de Pan para el Mundo

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Acerca de nosotros

En Pan para el Mundo, nuestra misión es educar y capacitar a las personas para que propugnen políticas y programas que puedan contribuir a erradicar el hambre. Nuestra fe en Cristo es el fundamento de nuestros esfuerzos y nos impulsa a amar a nuestro prójimo, tanto cercano como lejano. A diario, aproximadamente 700 millones de personas padecen hambre en todo el mundo. Las personas no solo necesitan alimentos; existe también un hambre mundial de justicia, equidad y seguridad.

Es por esta razón que nuestro trabajo está cimentado en la esperanza que trae la llegada de Cristo e inspirado por el amor redentor de Dios.

Únase a nosotros

Mientras preparamos nuestros corazones para el nacimiento del niño Jesús también esperamos su regreso y la realización del reino de Dios. ¿De qué manera podemos vivir en la tensión que existe entre lo que es y lo que ha de venir? Nos mantenemos vigilantes.

Durante esta temporada de Adviento, reflexionemos sobre lo que significa mantenernos vigilantes en este momento de la historia. Preguntémonos cómo podemos dar testimonio del mundo venidero, en cuya llegada confiamos, a quién o qué esperamos y de qué manera podemos incorporar la práctica de velar a nuestra vida espiritual.

El obispo James Walker reflexiona sobre la gracia que nos sostiene firmes en medio de los altibajos a los cuales nos enfrentamos y dirige nuestra mirada hacia la promesa de la fidelidad de Dios. El Rvdo. Eric Roemer reflexiona sobre la práctica de mantenernos vigilantes en medio del silencio, mientras esperamos el cumplimiento de las promesas de Dios. La Rvda. Fátima Yakubu-Madus reflexiona sobre la práctica de estar atentos a los lugares donde la luz de Dios ya comienza a manifestarse. El Dr. Jeremy Everett reflexiona sobre la disposición de María para decir: “Heme aquí”, y considera cómo nosotros también podemos ponernos a disposición de Dios y de los demás en medio del hambre y las dificultades.

Este devocional es apropiado tanto para uso individual como grupal. Su estructura incluye pasajes de las Escrituras tomados del Leccionario Común Revisado, una reflexión, una oración y una pregunta que invita a una reflexión y conversación más profundas. Invitamos a los lectores a detenerse por un momento y tomar conciencia de su cuerpo. Leamos sin prisa.

Cada persona puede acercarse a los devocionales de una manera diferente. En los grupos, podrían considerar reservar tiempo para permanecer en quietud, ya sea en silencio o acompañados de música; dialogar sobre la pregunta provista; y orar utilizando el texto incluido y/o específicamente los unos por los otros.

En nombre del personal de Pan para el Mundo, les deseamos un Adviento significativo y lleno de gozo.

La Rvda. Nancy Neal es ministra de formación espiritual y bienestar de Pan para el Mundo.
—Rvda. Nancy Neal

La Revda. Nancy Neal es ministra de Formación Espiritual y Bienestar en Pan para el Mundo, donde trabaja para crear una cultura basada en la práctica cristiana. Ella es pastora ordenada de la Iglesia Presbiteriana (EE. UU.) y ha dedicado su carrera a trabajar para aliviar las desigualdades sociales. Puede consultar su biografía detallada en https://www.bread.org/bio/nancy-neal/.


Primera Semana

Escrituras: Salmo 80:1-7, 17-19 y Mateo 13:24-37

Pastor de Israel, ¡escúchanos! tú que guías a José como a un rebaño, tú que tienes tu trono entre los querubines, ¡resplandece! Delante de Efraín, Benjamín y Manasés, muestra tu poder y ven a salvarnos. ¡Restáuranos, oh Dios! ¡Haz resplandecer tu rostro sobre nosotros, y sálvanos! ¿Hasta cuándo, Señor Dios de los Ejércitos, arderá tu ira contra las oraciones de tu pueblo? Por comida le has dado pan de lágrimas; por bebida, lágrimas en abundancia. Nos has hecho motivo de contienda para nuestros vecinos; nuestros enemigos se burlan de nosotros. ¡Restáuranos, oh Dios de los Ejércitos! ¡Haz resplandecer tu rostro sobre nosotros, y sálvanos! —Salmo 80:1-7, NVI

Reflexión

Hace años compré una vieja mesa de roble con cuatro sillas ornamentadas, cada una decorada con un colorido girasol. Restauré el juego y eliminé todo rastro de aquellos detestables girasoles. Años después descubrí que mi mesa era la única sobreviviente de seis juegos fabricados en Kansas en 1906, apenas unos años después de que Kansas fuera oficialmente designado el Estado del Girasol. Al quitar los girasoles, mi trabajo de renovación había borrado parte de la identidad y el propósito originales de la mesa: rendir homenaje al Estado del Girasol. Renovarla satisfizo una necesidad del momento, ¡pero mi mesa, al igual que Israel, clamaba por restauración! El Adviento nos recuerda que, aunque renovar puede satisfacer una necesidad momentánea, restaurar recupera el propósito.

Durante este tiempo de espera, somos testigos de las dificultades económicas provocadas por políticas y recortes presupuestarios que amenazan recursos vitales como la atención médica, la nutrición básica y las redes de protección social. A nivel mundial, aquellos que sufren de pobreza extrema, quienes ya se encuentran al borde del desastre, son empujados aún más cerca de la desaparición. El Adviento nos llama a escuchar nuevamente el Salmo 80 como un lamento, no debido a fracasos personales y pecados individuales, sino por nuestras faltas colectivas. Este clamor surge de la rotonda del Capitolio, no de la mesa de la cocina.

En el Salmo 80, el pueblo de Dios recuerda su historia nacional y el papel de Dios en ella. Aunque profundamente quebrantado y dolorosamente separado de Dios, el salmista no ve a la nación como paja destinada únicamente al fuego, sino, poéticamente, como la candidata perfecta para la obra revitalizadora de la gracia restauradora.

Manteniéndonos vigilantes: La gracia que transforma nuestro camino

Es significativo que la oración no sea una petición de dirección divina, sino una para que Dios reoriente a Israel. El clamor: “Restáuranos” significa “Haz que volvamos” o “Haznos volver”; la petición sugiere que nuestro GPS político/espiritual ha quedado silenciado. De igual manera, las investigaciones demuestran que cada dólar destinado a financiar SNAP puede generar considerablemente más de un dólar en actividad económica. Sin embargo, cuando nos apartamos de la razón, lo que vemos es controversia. El hambre está generalizada, la inseguridad alimentaria aumenta, el 30 por ciento de los alimentos que producimos termina desperdiciado y, aun así, el Congreso se resiste a reformar las etiquetas de fechas de los alimentos. ¡Restáuranos, oh Dios! Necesitamos que nos “hagas volver” para que podamos ver Tu gloria y tomar mejores decisiones.

Manteniéndonos vigilantes: La gracia que permanece

Por último, en el Salmo 80, el poeta lleva al pueblo del lamento a la veneración divina. De forma deliberada el, “oh Dios” se convierte en “Dios Todopoderoso” y, finalmente, en “¡Señor Dios Todopoderoso!”. El poeta se aparta del patrón tradicional en el que los lamentos comienzan con el peligro, pero terminan en alabanza. El final podría indicar que el salmista sabía que el reino del norte había caído y que, por tanto, terminar con una alabanza habría resultado incongruente. También es posible que el poeta contemplara proféticamente un final trágico para la nación. Aun así, el hecho de que el reino del norte no aceptara la gracia restauradora no disminuye en absoluto la grandeza del Dios de quien esta procede. Aunque Israel perezca, Dios continúa siendo el Señor Dios Todopoderoso.

Oración

Dios de gracia restauradora, mantennos despiertos ante el sufrimiento que nos rodea. Danos ojos para ver a quienes otros pasan por alto, valor para confrontar aquello que menoscaba la dignidad humana y manos dispuestas a participar en tu obra de restauración. Oh Dios, oh Dios Todopoderoso, oh Señor Dios Todopoderoso, permítenos verte como la fuente de la gracia restauradora y reconocer también la oportunidad que tenemos de colaborar contigo y encarnarte mediante nuestros esfuerzos. Amén

Práctica

Esta semana, manténgase atento a una persona, situación o injusticia que necesite algo más que una solución temporal. Pregúntese: ¿Cómo sería una verdadera restauración y qué parte puedo desempeñar en ella?

¿De qué maneras podría nuestro anhelo de restauración revelarnos verdades más profundas acerca de nuestra humanidad compartida?

El obispo James Walker es secretario de la Junta Directiva de Pan para el Mundo. Es Obispo Presidente del Séptimo Distrito Episcopal de la Iglesia Episcopal Metodista Cristiana.


Segunda Semana

Escrituras: 2 Pedro 3:8-15a, Marcos 1:1-8

Pero no olviden, queridos hermanos, que para el Señor un día es como mil años y mil años, como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan. —2 Pedro 3:8-9, NVI

Reflexión

Era una noche silenciosa. Habían transcurrido 400 años de noches silenciosas desde la última vez que Dios les había hablado por medio de Malaquías. Era una noche oscura, tanto social como política y espiritualmente. El pueblo esperaba, cansado, temeroso y afligido.

Volvía a ser una noche silenciosa, pero también era una noche santa. Ambas cosas son ciertas cuando atravesamos la noche oscura del alma. Tenemos que aprender a sostener las dos realidades a la vez.

Para muchos vuelve a haber silencio. Para muchos vuelve a haber oscuridad. Sin embargo, para quienes se mantienen velando, la noche continúa siendo santa.
Ellos se mantuvieron velando entre la profecía y la promesa. Ahora nosotros nos mantenemos velando entre la promesa de la encarnación y el regreso de Cristo. Celebramos el Adviento mientras continuamos vigilantes en medio de noches oscuras, silenciosas y santas, recordando que no somos los primeros en esperar cansados, temerosos y afligidos. Celebramos el Adviento recordando que Dios siempre ha sido fiel en cumplir lo que ha prometido.

Pedro nos insta a que nos mantengamos vigilantes mientras esperamos y celebramos, debido a que podemos estar seguros de que vendrán cielos nuevos y una tierra nueva, donde habitará la justicia. Debemos tener la misma certeza de que el Dios encarnado en quien habita toda justicia, fue acostado en un pesebre.

¿Cuál es esta promesa? Que el mundo llegará a ser como Dios quiso que fuera, aunque todavía no lo sea. Nuestra esperanza descansa en la certeza de esta promesa. Celebramos el Adviento para recordar la certeza que podemos tener; la certeza que debemos tener.

Nuestro Señor no se ha olvidado ni se ha retrasado. Su paciencia tiene como propósito nuestra salvación. Veremos su justicia. El mundo será santo. Él será nuestro Dios y nosotros seremos Su pueblo. La corrupción dará paso a la justicia. El engaño cesará ante la verdad. La violencia será vencida por la paz. Y los hambrientos serán saciados. Esta es la justicia divina que ha de venir.

¿Qué hacemos mientras esperamos? Nos mantenemos velando. Nos preparamos… como lo haríamos si estuviéramos esperando recibir a un invitado durante las fiestas.

Limpiamos la casa, preparamos la comida y miramos por las ventanas para recibirlo a la puerta. Pedro nos recuerda que debemos esforzarnos por vivir en paz y ser hallados sin mancha e irreprensibles.

¿Qué significa esto? Nos preparamos viviendo desde ahora como quienes pertenecen al mundo que viene, y no al presente. Vivimos vidas santas en medio de las noches oscuras y silenciosas. Llevamos a cabo la obra justa y santa que nos prepara para aquello que todavía no ha llegado plenamente. Limpiamos la casa de nuestro corazón. Preparamos comida para quienes tienen hambre. Nos mantenemos vigilantes.

¿Cómo se está preparando usted?

Oración

Señor todopoderoso y fiel,
permítenos encontrar Tu gozo mientras nos mantenemos vigilantes,
aun en las noches oscuras y silenciosas.
Haznos personas de Tu justicia venidera:
puros de corazón y de vida,
generosos al compartir la mesa,
preparados para Tu regreso.
Todo esto [te lo pedimos] en Cristo nuestro Señor.
Amén.

Práctica

Reflexione sobre esta pregunta: durante este Adviento, ¿cómo se está preparando para la venida del niño Jesús?

El Rvdo. Eric Roemer es miembro de la Junta Directiva de Pan para el Mundo. Es pastor principal de Greentown Wesleyan Church en Greentown, Indiana.


Tercera Semana

Escrituras: 1 Tesalonicenses 5:16-24, Juan 1:6-8, 19-28

Vino un hombre llamado Juan. Dios lo envió como testigo para dar testimonio de la luz, a fin de que por medio de él todos creyeran. 8 Juan no era la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz. —Juan 1:6-8 (NVI)

Reflexión

El Adviento comienza en la oscuridad. Encendemos velas porque sabemos que la oscuridad es real.

El mundo que habitamos no siempre es el mundo que sabemos que Dios desea. Vemos hambre, pobreza, falta de vivienda, violencia, desplazamiento e injusticia. Vemos familias que luchan por poner alimentos sobre la mesa y comunidades que cargan con problemas que ellas no crearon. Vemos personas cuyas voces son ignoradas y cuya dignidad, con demasiada frecuencia, es tratada como si estuviera sujeta a condiciones.

El Adviento no nos pide que finjamos que estas realidades no existen. Nos pide que nos mantengamos velando en medio de ellas.

Manteniéndonos vigilantes en espera de la luz

Antes de continuar adelante, vale la pena detenernos y dar un vistazo atrás. Durante las primeras dos semanas de Adviento se nos invitó a detenernos por un momento, observar, esperar y hacer espacio para la presencia de Dios. Quizás usted comenzó el Adviento lleno de esperanza. Tal vez llegó cargando cansancio, dolor, incertidumbre o una profunda preocupación por el mundo que le rodea.

¿Dónde se encuentra ahora?

Mantenerse vigilante es mucho más que esperar; es una práctica espiritual que cultivamos deliberadamente. Prestamos atención. Observamos. Escuchamos. Buscamos señales de la presencia y el obrar de Dios en el mundo.

Juan vino como testigo de la luz. Y comprendió algo importante: él no era la luz. Quizás este sea uno de los mensajes más liberadores para quienes estamos comprometidos a poner fin a la injusticia, el hambre y la pobreza. No podemos resolver todos los problemas ni llevar todas las cargas. No podemos hacer realidad el reino de Dios dependiendo de nuestras propias fuerzas. Pero sí podemos ser testigos de la luz.

El mundo no tiene que permanecer como está. Vivimos entre el mundo tal como es y el mundo que Dios promete. Esa es la tensión del Adviento.

Vemos hambre, pero creemos en la abundancia.

Vemos injusticia, pero creemos en la justicia de Dios.

Vemos división, pero creemos que la reconciliación es posible.

Vemos oscuridad, pero continuamos buscando la luz.

El Adviento no nos invita a escoger entre el realismo y la esperanza. Nos enseña a sostener ambos. Decimos la verdad acerca de lo que está sucediendo en el mundo sin permitir que lo que existe determine lo que creemos que es posible. Significa vivir desde ahora como personas que creen que las promesas de Dios son verdaderas.

Cada vez que propugnamos políticas que ayudan a las personas a poner alimentos sobre la mesa, damos testimonio de la luz. Cada vez que acogemos a alguien que ha sido marginado o nos solidarizamos con alguien cuya dignidad ha sido negada, damos testimonio de la luz. Nosotros no somos la luz, pero podemos reflejarla. Y, a veces, mantenerse vigilante significa precisamente eso: reconocer dónde Dios ya está obrando y unirnos a Su obra.

Tal vez la pregunta para esta tercera semana de Adviento no sea simplemente: ¿Qué estoy esperando? Sino: ¿A qué estoy atento y dónde comienza a manifestarse ya la luz de Dios?

Oración

Dios santo y lleno de gracia, venimos ante Ti en esta tercera semana de Adviento agradecidos por la luz de Cristo y conscientes de la oscuridad que todavía nos rodea. Ayúdanos a reconocer de dónde venimos y hacia dónde nos diriges. Cuando estemos cansados, renuévanos; cuando estemos desanimados, fortalécenos. Cuando nos hayamos vuelto insensibles ante el sufrimiento, despiértanos. Cuando hayamos perdido la esperanza, recuérdanos tus promesas. Danos valor para elevar la voz cuando nuestro silencio avalaría que continúe la injusticia. Amén.

Práctica

Observe una señal de esperanza cada día: una persona, una conversación, un acto de generosidad, un cambio de política, una iniciativa comunitaria, alimentos compartidos o un gesto de bondad.

La Rvda. Fátima Yakubu-Madus es miembro de la Junta Directiva de Pan para el Mundo. Es diaconisa de Christ Church Cathedral, en la diócesis de Indianápolis.


Cuarta Semana

Escrituras: Lucas 1:35–38

Y el ángel dijo:

—El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Así que al santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios. También tu parienta Elisabet va a tener un hijo en su vejez; de hecho, la que decían que era estéril ya está en el sexto mes de embarazo. Porque para Dios no hay nada imposible.

—Aquí tienes a la sierva del Señor —contestó María—. Que él haga conmigo como me has dicho.
Con esto, el ángel la dejó. — Lucas 1:35–38 (NVI)

Reflexión

Este otoño viajé al sur de Texas para reunirme con personas de distintos lugares del Valle del Río Grande. Líderes de gobiernos locales, organizaciones sin fines de lucro, universidades, agricultores, ganaderos, antiguos trabajadores migrantes y propugnadores de las personas que padecen hambre se reunieron para escuchar de primera mano las realidades que enfrentan las comunidades del Valle.

Lo que más me impactó no fueron solamente las dificultades, aunque eran muchas. Fue la disposición de las personas para reunirse, hablar con franqueza sobre lo que estaban viendo y mantenerse comprometidas unas con otras frente a problemas que pueden parecer abrumadores.

Los agricultores hablaron de alimentos que se pudrían en los campos debido a la pérdida de mano de obra. Los líderes locales describieron a familias que estaban perdiendo acceso a SNAP y los efectos que esas pérdidas tienen tanto sobre la seguridad alimentaria de los hogares como sobre la economía local. Una y otra vez escuché a las personas preguntar no solo: “¿Qué está sucediendo?”, sino: “¿Qué podemos hacer juntos?”.

Al pensar en aquel encuentro, volvía una y otra vez a las palabras de María: “Heme aquí”.

El Adviento nos enseña a esperar, pero la espera cristiana no es pasiva. Es una postura de atención, una disposición a ver lo que sucede a nuestro alrededor y a confiar en que Dios está presente aun cuando todavía no podemos ver cómo se cumplirán Sus promesas.

María recibe una promesa, pero no un mapa de lo que vendrá. No sabe todo lo que le espera. Sencillamente se pone a disposición de Dios.

Y entonces va a ver a Elisabet.

María no se guarda la promesa. La lleva consigo al encuentro con otra persona. Busca a alguien capaz de reconocer lo que Dios está haciendo y compartir el asombro, la incertidumbre y la esperanza ante lo que comienza a suceder.

Creo que eso es parte de lo que presencié en el sur de Texas. Felipe Salinas, propugnador de Pan para el Mundo desde hace muchos años, y aquellos que estaban reunidos con él, se mantenían vigilando. Prestaban atención a las realidades del hambre en sus comunidades. Se escuchaban unos a otros. Decían verdades difíciles. Se animaban mutuamente a creer que es posible un futuro diferente.

No somos los primeros en esperar las promesas de Dios. Hemos heredado la fe y la obra inconclusa de quienes nos precedieron, y no tenemos que llevar dicha obra solos.

La promesa central del Adviento no es sencillamente que Dios hará que todo esté bien algún día. Es que Dios está con nosotros.

En Jesús, Dios se humana. Él se acerca lo suficiente como para padecer el hambre, la sed, el sufrimiento, compartir la celebración y el amor. Dios se acerca y, al hacerlo, nos invita, también, a acercarnos unos a otros.

María dice: “Heme aquí”.

Quizás esa sea también nuestra oración de Adviento: Heme aquí, Dios. Heme aquí mientras espero. Heme aquí cuando los problemas parecen demasiado grandes. Heme aquí, dispuesto a escuchar, a acompañar y a confiar en que tu presencia ya está obrando entre nosotros.

Oración

Dios, así como tú estás con nosotros, ayúdanos a estar presentes ante ti. Encuéntranos en nuestra espera. Danos ojos para ver dónde ya estás obrando y valor para unirnos a tu obra. Recuérdanos a quienes nos precedieron y enséñanos a caminar fielmente unos con otros hacia el mundo que has prometido. Cuando la obra parezca abrumadora, ayúdanos a recordar que no caminamos solos. Amén.

Práctica

¿A quién le invita Dios a escuchar durante este Adviento? ¿Qué significaría para usted decir “Heme aquí” y acompañar a alguien que está atravesando hambre, dificultades o incertidumbre?

El Dr. Jeremy Everett es presidente de la Junta Directiva de Pan para el Mundo. Es fundador y director ejecutivo de Baylor Collaborative on Hunger and Poverty.

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