María: Dios colma de bienes a los hambrientos

December 9, 2015
A mosaic depicting Mary and the Christ child at the Basilica of the National Shrine of the Immaculate Conception in Washington, D.C., the patronal church of the U.S. Beechwood Photography/Flickr.

De Stephen H. Padre

Ayer fue el Día de la Inmaculada Concepción, un día celebrado en gran parte por los católicos romanos. Se puede decir que es un “día festivo” religioso para María, la madre de Jesús. María también es la patrona de los Estados Unidos, lo cual, junto con su aparición en la Ciudad de México, le ha dado un especial significado en todo el continente americano.

La figura bíblica que más atrae atención en la temporada de Navidad después de Jesús es María. Se le hace referencia en muchos villancicos navideños. Es ella a quien y de quien cantamos nuestros cantos en estas celebraciones religiosas. Ante todo, ¿qué honor más grande puede haber, que dar a luz al hijo de Dios?

Actualmente nos encontramos en la temporada de Adviento. Se puede decir que, mientras que la Navidad es la temporada de Jesús, el Adviento es la hora de María. Antes de que nazca un niño, el enfoque está en la madre. Mientras que esperamos la llegada de Jesús, festejamos el papel de su madre cuando llevaba dentro una vida nueva.

María a menudo se caracteriza por su “canto distintivo”, las palabras que dice mientras intenta enfrentar la realidad de un embarazo inesperado (como virgen) del hijo de Dios. Estas palabras se conocen como el “Magnificat”, y se les da el nombre de “canto” porque se cantan en la alabanza de distintas iglesias.

Más que nada, son las palabras de María en el Magnificat que la hacen un objeto de adoración para muchos cristianos. Se debe a que en ellas, María expresa una voluntad incondicional de desempeñar un papel en la historia de la redención del mundo – de ser un vehículo mediante el cual Dios irrumpe en el mundo como ser humano.

En el Magnificat, María canta hermosamente de la grandeza de Dios. También describe un mundo, que, bajo el reino de Dios, se verá transformado:

“Dispersó a los que son soberbios en su propio corazón.
Derribó a los potentados de sus tronos,
         y exaltó a los humildes. 
A los hambrientos colmó de bienes,
         y despidió a los ricos sin nada” (Lucas 1: 51b-53).

En el versículo 53, María menciona a los hambrientos. Le importan tanto a ella los que padecen hambre porque a Dios también le importan. María dice que los que padecen hambre son parte de la reordenación del mundo por Dios. ¡Qué ilusión, poder ser partícipes en ello!

Y nosotros también podemos participar. Dios, María, Jesús, y otros nos recuerdan de nuestro deber de ayudar a los hambrientos y a los pobres. Estamos llamados ser aliados de los que han sido marginados en nuestra sociedad. Nosotros podemos ponerlos en alto, tal como María prometió que haría Dios en la reordenación del mundo. Podemos presentar sus intereses ante los que pueden excluirlos – nuestros líderes en el Congreso – y asegurar que se colmen de bienes propios, y no sólo de los restos de lo que consumen los demás. Esto lo podemos lograr por medio de la propugnación ante nuestro Gobierno federal, el objetivo de Pan.

Damos gracias a Dios por María, la Madre de Dios,  y por la manera en la que nos dirige hacia Dios y es ejemplo de la obediencia a su voluntad. Y le damos gracias a Dios por sus recordatorios de las oportunidades que tenemos para ayudar a los hambrientos, participar en la reordenación del mundo, y poner fin al hambre.

Stephen H. Padre es el director editorial de Pan.

Imagen: Un mosaico de María y el niño Jesús en la bizantina Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, en Washington, D.C., la iglesia patronal de los Estados Unidos, dedicada a María. Beechwood Photography/Flickr.

Dios, María, Jesús, y otros nos recuerdan de nuestro deber de ayudar a los hambrientos y a los pobres.

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